lunes 20 de abril de 2009

QUO VADIS LUGO?





Tarcisio Sprícigo, de 48 años, un cura brasileño abusador, escribió lo que parece ser un verdadero manual para curas pedófilos. Algunas de sus reglas son:

1. “Presentarse al chico como el que manda. Ser cariñoso. Nunca hacer preguntas, pero tener certezas. Si es posible que no tengan padre y que sean pobres. Jamás involucrarse con niños ricos”.
2. “Me preparo para salir de caza con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los garotos (chicos) que me plazcan".
3. Para esto soy seguro y calmo, no me agito, soy un seductor y después de haber aplicado correctamente las reglas, el niño caerá en mis manos y seremos felices para siempre”.

Las leyes canónicas interpretan estas conductas como pecados secretos, y los hacen prescribir en forma instantánea. Esto tiene como finalidad evitar escándalos para la iglesia católica y cancelar la necesidad amonestar al pecador.
Con este propósito en mente el "stablishment" católico implementa "políticas" pastorales que se traducen en cambiar a los transgresores de parroquia, de diócesis y hasta de país. Aun los documento más recientes del Papa tienden a conservar esta política de la reserva, del secreto y de la exclusividad de juicio reservada a la Congregación para la Doctrina de la Fe, obligando todos los episcopados del mundo a informar, bajo absoluto secreto, de los casos de abuso sexual protagonizados por sus clérigos.

Este enfoque pone en duda el genuino interés del Vaticano en esclarecer este tipo de delitos, castigar los culpables y evitar su repetición.

Durante el papado de Juan Pablo II se presentaron casi 11 mil quejas por abuso sexual; los destinatarios fueron 4.392 sacerdotes en Estados Unidos.

El tema se mantuvo en secreto por muchos años, pero las demandas millonarias finalmente trascendieron a los medios y el tópico fue inocultable. Los montos de las indemnizaciones lo dicen todo: “Las víctimas han recibido unos 572 millones de dólares en daños, además de los 85 millones de dólares que la arquidiócesis de Boston decidió pagar a las 540 personas que la demandaron por los abusos sexuales de los curas”. Mientras tanto, el titular de la arquidiócesis de Boston cuando explotaron los escándalos y acusado de proteger a los abusadores, está a buen resguardo en Roma y al frente de una importante basílica.

La iglesia argentina tampoco estuvo inmune a los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes. El caso del cura Grassi que ya fue elevado para juicio oral, parece calcado de los casos brasileños y el fiscal ha pedido para Grassi la pena de 30 años de prisión por abusar de tres chicos en 17 oportunidades.

Ahora apareció el caso del Presidente del Paraguay, Fernando Lugo.
Muy suelto de cuerpo dijo: "Es cierto que hubo una relación (de pareja) con Viviana Carrillo. Y reconozco la paternidad del niño". Con estas sencillas y aparentemente inocentes palabras el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, ha reconocido ser el padre de Guillermo Armindo, de casi dos años de edad, quien nació el 4 de mayo del 2007 fruto de una relación ilegal cuando todavía era obispo de la diócesis de San Pedro.
Parecen inocentes sus palabras porque olvidó decir que su relación comenzó cuando Viviana era una adolescente. Olvidó mencionar que este tipo de relación se conoce como "estupro". Por si quedan dudas, el Diccionario de la Real Academia lo define como "Coito con persona mayor de 12 años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier relación o situación".

Y esto nos lleva al principio de esta entrada. Lugo siguió al pié de la letra el manual del cura pedófilo. Evaluó el estado de vulnerabilidad de Viviana, se aseguró de que fuera pobre, se mostró seguro, calmo, cariñoso y en el momento preciso, la sedujo.

Lo mismo pasa en una corrida de toros. El torero se muestra deslumbrante y calmo frente al pobre animal. Al principio lo trata con cariño y hasta juega con él y cuando lo ha acosado lo suficiente, le clava las banderillas. Es doloroso y ya no hay vuelta atrás. El toro es suyo. Y cambia su destino para siempre.

Como el abusador con su víctima. Nunca será la misma persona y su vida se ha salido del carril por el que transitaba. Se hace llamar "Padre". No conoce el significado de la palabra.

Es una palabra demasiado grande para una persona demasiado pequeña. Bandido.

Dedicado a mi sobrina nieta Valeria RB

1 comentarios:

valeria dijo...

Que interesante esta recordar la parte que nadie quiere contar de la Iglesia! Tanto abusos y seguro hay miles que no llegan a conocerse.
al tema de Lugo, como paraguaya, estoy muy decepcionada y traicionada, nos vendió una imagen de santo, se aprovecho de su condición de ex obispo para ganar la confianza, y resulta que no fué capaz ni de cumplir con su castidad!!
Y bueno... al final...un mentiroso mas!